lunes, 4 de julio de 2016

LA ESCUELA Y LOS ADOLESCENTES

El análisis del panorama educativo de los adolescentes requiere poner la atención en la coexistencia de dos dimensiones presentes en su dinámica: aquella que remite a su situación socioeconómica y la que es propia de la condición adolescente, y que hace referencia a su subjetividad, sus preferencias y su propia identidad. Así es como se puede observar que, a diferencia de lo que sucede con los niños entre 7 y 12 años -dónde la gran mayoría, provenga del hogar que provenga, están escolarizados- entre los adolescentes convive una doble dinámica: por un lado, la influencia socioeconómica, por el otro, la propia condición de adolescente. De esta manera, evaluado en términos de probabilidad, los adolescentes que provienen de hogares de nivel socioeconómico bajo tienen menores probabilidades de asistir a la escuela que los que provienen de hogares de nivel socioeconómico medio o alto. Pero a su vez a medida que se entra en la adolescencia, la experiencia de desescolarización deja de ser privativa de los sectores sociales más postergados. Es decir, comienzan a observarse adolescentes que, si bien no provienen de los hogares con carencias socioeconómicas más profundas, tampoco asisten a la escuela. Y aquí podemos encontrar otra dimensión de análisis, donde intervienen otros aspectos más relacionados con su subjetividad, sus formas de socialización, sus elecciones e identidades. En el conjunto de América Latina, casi la totalidad de los niños de 7 a 12 años de edad están escolarizados. Se sabe, a partir de las encuestas realizadas en los hogares de dieciséis países de la región, que el 98% de ellos asiste a algún establecimiento educativo.

No todos están en la misma situación: algunos de ellos asisten día a día y cursan el grado o año que les corresponde para su edad; otros, seguramente tienen niveles de retraso significativos y asisten irregularmente, en la medida en que sus circunstancias se los permiten. Pero todos ellos están vinculados con el sistema educativo. Esto debe entenderse como el resultado de dos fenómenos sumamente relevantes. Por un lado, cualquiera sea la situación de las familias, en cada una de ellas hay un gran esfuerzo para que sus niños asistan a la escuela, lo cual demuestra que el conjunto de la sociedad valora positivamente la educación de los niños de temprana edad. Por otro lado, indica también que existe una gran cobertura en términos de oferta educativa. Este dato de acceso casi universal a la escuela a edades tempranas hace suponer como excepcional, o acotada a escenarios muy específicos, la posibilidad de que las familias no encuentren una escuela donde matricular a estos niños. Este dato no revela la calidad de las escuelas a las que asisten; algunos establecimientos son modernos, bien equipados y confortables, en tanto muchos otros son espacios precarios y desprovistos de las condiciones mínimas para una buena educación.


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